HALLOBLOGWEEN 2012 - Silencio


Esteban despertó sobresaltado. Se sentó en el colchón sin preocuparse de que las mantas se deslizaran hasta la cintura por su cuerpo desnudo y esperó a que el alocado golpeteo de su corazón se ralentizara mientras rebuscaba en su mente. ¿Qué ruido le había sacado de su sueño de manera tan brusca?

No fue capaz de hallar una respuesta.

Miró a su alrededor. Una tenue claridad se filtraba entre las cortinas, suficiente como para distinguir el conocido panorama que le ofrecía su habitación cada mañana. Todo estaba en su lugar.

Agudizó el oído intentando reconocer también los sonidos habituales, pero sólo percibió el silencio. Un silencio tan absoluto que lo primero que pensó fue que se había quedado sordo de repente.

—¿Hola? —dijo en voz alta, para comprobar que en realidad no era así.

Las paredes le devolvieron un extraño eco que, al apagarse, volvió a convertirse en aquel terrorífico y ensordecedor silencio.

«Eso. Eso es lo que me ha despertado —pensó—. No ha sido ningún ruido, sino su ausencia».

Se levantó de la cama y se dirigió a la ventana. Descorrió las cortinas con un enérgico movimiento y el chirriante sonido de las arandelas sobre el riel atronaron en el reducido espacio del dormitorio. Abrió la cristalera. Un gélido aliento con olor a invierno se coló en el interior de la casa con un potente susurro, haciendo que los visillos revolotearan alrededor su cuerpo.

Aun desnudo y tiritando, se asomó al exterior. Nada se movía allí afuera; ni siquiera un tímido gorrión que se refugiara del frío entre las desnudas ramas de los árboles de la alameda.

A lo largo de la calle, tres o cuatro coches permanecían inmóviles en mitad de la calzada. Extraño, muy extraño. Nada parecía detenerlos, pero continuaban parados y ningún conductor hacía sonar su bocina para apresurar al vehículo que tenía delante.

Aquél no era el tráfico habitual de un sábado por la mañana en la concurrida avenida; ningún peatón transitaba por las aceras, e incluso los comercios permanecían cerrados aún.

Nada cuadraba. Estaba pasando algo raro.

No tenía ni idea de qué hora era, pero sin duda hacía un buen rato que había amanecido. Girando la cabeza, miró hacia el despertador que, en esos momentos parpadeaba en rojo sobre la mesilla.

«Las 04:44».

¡Imposible! La luz del exterior era demasiado potente para ser esa hora. Seguramente la pila se había agotado.

De una zancada recuperó su reloj de pulsera. Estupefacto, comprobó que estaba parado; el segundero no se movía y las manillas permanecían estáticas a falta de un minuto para las cinco menos cuarto.

Asustado, se dirigió a la cocina. El reloj de la pared ofrecía el mismo aspecto. Y el del salón. Y el del televisor de la salita. Y el de su teléfono móvil…

¿Qué ocurría? ¿El mundo entero se había parado a las 4:44 de la madrugada?

Regresó sobre sus pasos y fijó la vista sobre el calendario digital del recibidor.

«22-12-12».

Aquella cifra cayó con un golpe seco sobre su raciocinio, como si fuera la losa que cerrara su sepultura. Al fin y al cabo, así era.

¿Acaso era el último ser vivo sobre la faz de la tierra?

¿O ya estaba muerto?

Un año más, gracias a la iniciativa de Teresa Cameselle por este Halloblogween 2012, que en esta edición tenía un tema general, al que teníamos que acogernos todos los participantes: EL FIN DEL MUNDO. Me enteré tarde que se trataba de un micro relato, pero si puedo subiré uno con esas características mañana o pasado. No dejéis de pasaros por su blog para ver otras participaciones; todas ellas terroríficas y holocaústicas, uuhhhhhhh.

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Cris31 de octubre de 2012, 15:11

Hola, genial!!!!!!!! besis raist/Cris

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Lury Margud31 de octubre de 2012, 18:08

Me ha gustado Lucia... eso eso pon un microrelato....jajaja

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Toni31 de octubre de 2012, 19:53

Si era el único que quedaba, hoy le tocaba "el gordo", fijo. Aterrorizado me despertaría yo en este panorama que describes. Saludos!

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Alicia Uriarte31 de octubre de 2012, 21:43

Pues no sería yo la que quisiera tal premio en un día tan señalado para ello. Nos has llevado de forma sutil e inquietante en el tiempo para dejarnos como abandonados en el espacio. Enhorabuena. Saludos.

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Miss Ramsay1 de noviembre de 2012, 1:41

Pues me quedo esperando el micro relato, que seguro que me gusta tanto como este!!! Bicos :*

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Sindel1 de noviembre de 2012, 2:22

Qué desesperante descubrir que el mundo entero se detuvo, y uno sigue andando, hasta cuándo? Por qué? Y tantas otras intrigas que generan tu estupendo relato. Un abrazo.

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Neogéminis1 de noviembre de 2012, 3:06

Vaya!...en muchos puntos nuestros relatos han coincidido!...el tema del exterminio y ser único sobreviviente no es nuevo y por lo visto, ambas lo hemos desarrollado en forma paralela!jejeje Por cierto, pasaste por mi blog antes que actualizara y dejaste un comentario en una entrada anterior, pensando que era la de halloblogween...por cierto, no tenía nada que ver! ajajaja En fin, muy buen relato. Saludos!

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Respuestas

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Lucía de Vicente1 de noviembre de 2012, 13:44

Vuelvo a pasar y te digo. Gracias por tu opinión

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Leonor1 de noviembre de 2012, 9:20

Me horroriza la situación que describes, parece una pesadilla, lo cruel es que no es así. Se acabó la vida, se paró el mundo y él estaba allí sin llegar a comprender lo que estaba ocurriendo. Me ha gustado tu relato con un final que hace pensar. Un beso.

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Tyrma1 de noviembre de 2012, 16:13

Muy bien hilvnado, mantienes el suspense de forma magistral. A pesar de lo terrorifico de ser el último...me ha encantado tu relajo juevero. Un beso.

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Fabián Madrid1 de noviembre de 2012, 18:40

Un último solo, en medio de la nada. Terrorífico. Un beso

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Teresa Cameselle1 de noviembre de 2012, 19:05

Resulta tan fácil meterse en la situación, sitúas el fin del mundo en un entorno cotidiano, ni tsunamis ni meteoritos, simplemente silencio, y el silencio es algo que nos da mucho miedo a todos. Y no es tan largo, se lee con gusto y espanto. ¡Gracias por participar!

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Menchu Garcerán1 de noviembre de 2012, 19:12

Me parece que este tampoco se ha salvado, Lucía. Un silencio tan silencioso impone ¿verdad?

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San1 de noviembre de 2012, 21:01

Ya que todo se acaba, pues que sea todo. Dejar a un ser tan solo, es realmente terrible, no quisiera ser yo. Un buen texto. Besos.

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Carmen Andújar1 de noviembre de 2012, 21:04

Esperemos que no nos pase semejante atrocidad, que seamos el último ser sobre la tierra; porque nos volveriamos locos. Buen relato Un abrazo

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Mari Carmen Polo1 de noviembre de 2012, 22:42

Realmente tiene que ser aterrador pensar en que uno pudiera ser el último ser vivo sobre la Tierra. Creo que la locura nos duraría sólo unos minutos porque inmediatamente nos moriríamos del susto. Excelente relato :) Un abrazo

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Maribel1 de noviembre de 2012, 23:16

Una redacción impecable para un relato que atrapa y que invita a reflexionar. No me gustaría a mí ser el único ser viviente sobre la Tierra. Te felicito. Un abrazo.

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Lucía de Vicente2 de noviembre de 2012, 0:24

Gracias a todos por vuestros comentarios. Sois estupendos!!

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Lola Polo2 de noviembre de 2012, 16:00

Sin duda que estaba muerto y solo, terrorífico. Que buen relato. un abrazo Lola

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Pepe2 de noviembre de 2012, 19:45

El silencio puede ser un elemento capaz por sí solo de provocar un enorme terror. La situación de aparente cotidianidad en que lo situas, hace más intensa esa sensación de soledad y desamparo. Un mundo carente de vida, no es nada deseable para un único superviviente. He disfrutado leyendo tu relato. Un saludo.

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Juji3 de noviembre de 2012, 8:24

Aterrador relato, Lucía... creo que en este caso, da más desesperación pensar que se ha quedado solo y ¡vivo!. Un abrazo.

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Natàlia Tàrraco6 de noviembre de 2012, 9:34

Lucía, disculpas, llegué el domingo por la madrugada y hasta hoy no he tenido tiempo de leeros a todos. Una muy grata sorpresa tu relato, he "sentido" las sensaciones de Esteban, lo describes con genialidad sobrecogedora. El último ser vivo o el último en enterarse que está muerto. !cuánta soledad! Felicitaciones sinceras y un besito.

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