Nunca es tarde si la dicha es buena


Hola amigos,

Os preguntaréis qué me ha ocurrido para haber tardado tantísimo en actualizar mi blog —o no, claro, al fin y al cabo hay mil blogs a los que recurrir si vuestro favorito no se actualiza... Porque este es vuestro favorito, ¿verdad? Jajajaja—. Pues os diré que mil cosas, pero todas tan vulgares que no merece la pena ni comentarlas... En mi descargo solo puedo decir que, en resumen, no tengo tiempo ni de rascar.

Pero no solo me han ocurrido vulgaridades en estas semanas, no, que también he tenido experiencias inolvidables dignas de ser comentadas. Como por ejemplo, el viaje que el pasado 17, 18 y 19 de mayo hice a Loarre (Huesca).

Mi intención era haberos puesto al cabo de la calle al día siguiente, pero creedme si os digo que no he podido hacerlo hasta ahora. Sin embargo, eso me ha proporcionado una visión muy práctica del asunto, porque cuando uno llega de un lugar donde se lo ha pasado tan bien que va a ser difícil superar la experiencia, en una compañía inmejorable, las sensaciones están a flor de piel y no es capaz de hacer una valoración objetiva.

Sin embargo, después de casi tres semanas, puedo decir que el tiempo ha puesto cada percepción en su lugar y que, si después de todos estos días, sigo queriendo revivir esas jornadas, ¡es que la cuestión merece la pena!

Fue un fin de semana de los de guardar en el recuerdo para siempre jamás. Primero porque hacía... uff o más, que no disfrutaba de unos días en completo relajo y disfrute con mi hombre y ya iba siendo hora. Nuestro hijo no pudo acompañarnos, y la verdad es que lo lamenté muchísimo; hubiera disfrutado de lo lindo empapándose de la historia milenaria de las piedras de aquel lugar, especialmente de todo lo que rodea a ese castillo del siglo XI que, incluso a mí, que no se me ocurriría en la vida escribir histórica, me incita a hacerlo, así como de la salvaje naturaleza de los Mallos de Riglos y la Galliguera y sus alrededores.

No voy a entrar en demasiados detalles, porque ya me desquité a placer en mi otro blog, ese que comparto con mis amigas pecadoras (pinchar AQUÍ para leer), pero sí que repetiré mi eterno agradecimiento a la corporación minicipal de la localidad por tan maravillosa acogida y atención y, sobre todo, a su primer teniente de alcalde y concejal de cultura, Mar Giménez Cuello, a la que, además, tengo el placer de contar entre mis amigas personales desde hace ya largos años.

Precisamente si alguno de vosotros ha podido leer mis novelas, en parte es por culpa suya. Ella inventó el perfil primigénio de Marcos Pessaro (aunque yo luego hice lo que me dio la gana), leyó y releyó las páginas que hoy están en las librerías y no paró de darme la tabarra hasta que vio una novela mía en el mercado. Desde aquí, gracias, Mar, por tu apoyo y gracias también por abrir las puertas de ese gran pueblo en el que vives a un puñado de locas por la literatura romántica.

Gracias también al alcalde, Miguel Liesa, que incluso nos acogió en sus dominios privados y nos homenajeó con cordero y vino hasta que las viandas y los caldos nos salían por las orejas. Gracias a Lorena Laguna y a su marido, gerentes de Loarre Turismo Activo, que pusieron a nuestra disposición todo un castillo, sus dependencias y su centro de acogida de visitantes y, también, nos dieron de comer. Gracias a los organismos y empresas patrocinadoras, que contribuyeron con el evento (Diputación de Huesca, Ibercaja, Bantierra y la librería Santos Ochoa), así como a la Hospedería de Loarre y a los alojamientos rurales El Rincón de Andresé y Casa Pepico, que pusieron a nuestra disposición habitaciones y servicios dignos de príncipes, sin olvidarme, por supuesto, del Bar Pola... ¡Cómo estaban esos bocadillos que nos permitían abordar la jornada con fuerzas a rebosar!

En fin, podría seguir así y no pararía en mucho tiempo. Si me olvido de alguien, no ha sido esa mi intención, pero me emociono y se me agolpan las ideas.

No puedo dejar de hacer mención a todas las autoras (sí, fueron todas chicas) que enviaron sus manuscritos y concursaron al I Premio de Novela Corta Castillo de Loarre, que finalmente ganó Verónica Martínez Amat con la novela El secreto de Loarre y que próximamente será publicado en la Colección Letra eNe de Éride Ediciones (también patrocinador de este fin de semana romántico).

Excuso deciros que de la excursión he traído cientos de fotos —en especial si tenemos en cuenta la profesión de mi señor esposo—, de la que os quiero hacer partícipes a todos, así que aquí os dejo una galería que, seguro, os pondrá los dientes como los de mi Marcos Pessaro. Claro está que no todas las imágenes son autoría suya, ya que los maridos de otras asistentes, concretamente el de María José Losada y el de la escritora Jezz Burning (para mí siempre Raquel Barco).

Mirad, mirad y despachaos a gusto. Os dejo con ellas y prometo regresar por aquí y reportarme en breve.

Postdata - Aunque no tiene nada que ver con todo esto, no puedo dejar de dedicar unas palabras a Maite, una buena amiga que, dado que yo no lo hago, es quien se encarga de hacer los vídeos publicitarios de mis novelas para el blog. ¿Os acordáis del que preparó para Navidades, y que yo he mantenido en estas páginas hasta, como aquel que dice, antes de ayer? Pues ahora ha tenido a bien crear uno veraniego. ¿No queréis verlo?

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Ver comentarios

  1. erraol6 de junio de 2013, 22:30

El placer fue nuestro y corro a compartir con los del pueblo tan buena crónica. Sólo falta explicar que esos bultos que me salen es la faja ortopédica jajajaja, vaya pintas

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