La manzana de la lujuria

El silencio era opresivo. La humedad goteaba de las paredes y reptaba por el suelo para colarse en los huesos. Elisa respiró profundamente mientras cerraba la puerta del panteón.

Tenía miedo, pero estaba decidida.

El chirrido de las bisagras oxidadas reverberó en sus entrañas, apresándoselas con una garra de acero. Un escalofrío estremeció cada célula de su cuerpo y repercutió en la llama de la vela que llevaba en la mano mientras la apoyaba sobre uno de los sarcófagos.

Temblando, se miró en el gran espejo de marco dorado que aquella mañana había llevado hasta allí. Se desnudó lentamente frente a él y sonrió, acariciándose la piel.

El deseo apenas dejaba que el aire entrara en sus pulmones. No importaba el precio a pagar, estaba dispuesta a darlo todo. Hacía ya tanto tiempo que no sentía el gozo de aquella danza ancestral…

Tomó la manzana que descansaba sobre la losa y dio la espalda a su reflejo para, tal y como le había indicado la Wicca, pelarla y partirla en nueve pedazos. Luego, sin prisa, masticó y tragó ocho de ellos. El último lo lanzó por encima de su hombro antes de girarse despacio, invocándole.

Parpadeó sorprendida. Allí estaba él; su amado, solo cubierto por la niebla espesa que emergía de la tumba.

—Ven, mi amor —dijo con aquella voz grave que ella no había podido olvidar—. Abrázame y esta vez será para siempre. Te llevaré conmigo a un lugar donde el odio de mi asesino no podrá volver a separarnos. Allí de donde no se puede regresar y la noche es eterna.

Ella no lo pensó. Dio un paso adelante y se aferró con decisión a la mano que él le tendía.

La niebla espesa lo inundó todo y luego desapareció.

Solo la luz de una vela a medio consumir que se reflejaba en un espejo de marco dorado era el único testigo de aquellas lápidas solitarias.

Desde el Blog Pecados Capitales hemos decidido unirnos este año a la inciativa del fomento del relato terrorífico que cada año lleva a cabo Teresa Cameselle. Por supuesto en esta ocasión se trataba, además, de escribir uno que tuviera que ver con el pecado que cada una de las componentes personificamos. Sí, amigo, como sabes yo soy Lady Lujuria, así que aquí tienes mi lujurioso relato de terror de este año.

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